Este mes,
como cada marzo, nos encontramos para conmemorar el Día Internacional de la
Mujer. Y una vez más, lo hicimos a nuestra manera: creando, reflexionando y,
sobre todo, compartiendo.
La actividad
de este año giró en torno a la historia de las mujeres —las que aparecen en los
libros, sí, pero también las que tenemos al lado. Comenzamos con un cuento que
nos llevó por los caminos de la mitología y la sabiduría femenina, con figuras
como Hypatia, que desde la antigüedad ya luchaban por pensar, por enseñar y por
existir con libertad.
Después,
recorrimos juntas algunos de los hechos más relevantes en la historia de los
derechos de las mujeres, desde 1857hasta hoy. Pero no nos quedamos solo en los
datos: cada grupo recibió una cartulina y creó su propia línea del tiempo. La
consigna era clara: sumar también las vivencias personales. ¿Qué estaba
ocurriendo en el mundo cuando yo tenía 20 años? ¿Qué decían los libros y qué
pasaba en mi casa, en mi trabajo, en mi historia de vida?
Y ahí
ocurrió lo más valioso: surgieron historias que no aparecen en los manuales.
Como cuando una de ellas contó que, cuando hablamos de los derechos laborales
conquistados y su historia no contaba lo mismo, así, otra compañera dijo: “Yo
empecé a trabajar a los 7 años. Nunca estudié, porque en mi casa no era una
opción…pero hemos sido felices, ¿eh? Muy felices”.
Estas
memorias, dichas en voz alta, con emoción, con humor, con lágrimas a veces,
construyeron una historia viva, una historia real. Porque el 8M no es solo un
día para recordar luchas ajenas: es también para reconocer las propias.
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